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10 de jul. 2011

Del libro "Elogio de la lentitud" (Carl Honoré)

A medida q nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hasta su punto de ruptura.
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Hemos perdido el arte de no hacer nada, de cerrar las puertas al ruido de fondo y las distracciones, de aflojar el paso y permanecer a solas con nuestros pensamientos.
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Si eleminamos todos los estímulos, nos ponemos nerviosos, nos entra el pánico y buscamos algo, lo que sea, para emplear el tiempo, así que buscamos maneras de distraer la conciencia de nuestra mortalidad. La velocidad es una estrategia de distracción.
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La enfermedad del tiempo puede ser un síntoma de una malestar existencial más profundo.
Tan grave es la neurosis causada por el tiempo que nos hemos inventado una nueva clase de terapeuta para tratarla: el gurú de la administración del tiempo.
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Para acceder al pensamiento lento en un mondo que premia la velocidad y la acción, el primer paso consisste en relajarse, poner a un lado la impaciencia, dejar de debatirse y aprender a aceptar la incertidumbre y la inacción.
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Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.
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Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO: la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y debes pedalear cada vez más rápido.
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La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes… Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,
de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.
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La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros.
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A menudo, TRABAJAR MENOS significa trabajar mejor. Pero más allá del gran debate sobre la productividad se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas: ¿PARA QUÉ ES LA VIDA?
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Hay que plantearse muy seriamente A QUÉ DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO. Nadie en su lecho de muerte piensa: «Ojalá que hubiera pasado más tiempo en la oficina o viendo la tele», y, sin embargo, son las cosas que más tiempo consumen en la vida de la gente.
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Dejar la mente silenciosa y tranquila, en vez de decir
"no te quedes ahí sentado, haz algo",
deberíamos decir
"no hagas nada, siéntate aquí y quédate tranquilo".
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24 d’abr. 2010

ATARAXIA

Se denomina ataraxia (del griego ἀταραξία, "ausencia de turbación") a la disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional, mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad, y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.

Según Epicuro, existen dos clases de deseos: los naturales y necesarios, relacionados con la supervivencia, y los naturales no necesarios, que provienen de la cultura, política, y vida social. La satisfacción de los deseos es lo que nos produce placer, que, para los epicureístas es lo que nos lleva a la felicidad, sin embargo, existen placeres que son completamente vanos y que nos producen un dolor mayor que el placer inicial, estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón ya que nos alejan de la "ataraxia". La filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano».

Para los estoicos, la vía para llegar a la ataraxia es la virtud, que para ellos consiste principalmente en adecuar los deseos propios a la racionalidad de la naturaleza, aprendiendo a diferenciar las cosas que dependen de nosotros de las que no, ya que no tiene ningún sentido preocuparse por las segundas puesto que al hacerlo nos alejamos de la tranquilidad del alma. Para la Stoa también es necesario, en pos de encontrar la ataraxia, eliminar los miedos a Dios y la muerte y no quejarse por las inclemencias del destino.

En el caso de los escépticos , que promulgan la suspensión de todo juicio a priori (universal y necesario) debido a que, para ellos, no existe ninguna verdad absoluta sino que todo depende del hombre y sus sentidos, se afirma que para alcanzar la felicidad es necesario dudar de todo lo que al parecer se ha conocido hasta el momento, en tanto que no existe conocimiento objetivo, y luego conseguir la ataraxia, como serenidad e imperturbabilidad del ánimo.

29 de jul. 2008

La felicidad, ja ja ja ja.....

Parte 2: Notas extraídas del libro PENSAR BIEN, SENTIRSE BIEN, de Walter Riso, muchas de las cuales van paralelas o coinciden con la PNL.
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¿La felicidad? No existe.
La felicidad, tal como la entendemos en la cultura industrial occidental, es el deseo de sostener el placer indefinidamente, llámese paraíso, nirvana... Es la quimera de la alegría eterna, de la no frustración definitiva y del control total. Como resulta obvio, semejante creencia a lo único que puede conducirnos es a ser esclavos de una felicidad inalcanzable, a una insatisfacción crónica, a una carga más.
Una idea más razonable y práctica de la felicidad supone ubicarla en el aquí y ahora, y despojarla de esta falsa aureola sacrosanta: es decir, estar feliz mientras hago lo que quiero, desear lo que tengo y disfrutar de lo que no me falta.

No cabe duda: construimos nuestro propio nicho y somos los principales responsables de muchas cosas de las que nos ocurren. No se trata de reprimir los sentimientos placenteros, sino de evitar aquellos en los que el balance costo/beneficio arroja resultados dañinos.
Dirigir la propia vida en lo que depende de uno (sentido, autorrealización…) y aceptarla tal cual es cuando no depende de uno (enfermedad, muerte…), intentando disminuir la cantidad de dolor que de por sí implica el mero hecho de estar vivo.

Los que logran evitar la incertidumbre lo pasan bastante mejor pq suelen estar por encima de la ansiedad, entienden que un número considerable de eventos escaparán a su control y que por tanto habrá intentos inútiles y sin futuro.
Habitar la incertidumbre de manera saludable implica ubicarse exactamente en el lugar que la existencia nos pone, es decir, en ningún lado.

pensar bien, sentirse bien...

Notas extraídas del libro PENSAR BIEN, SENTIRSE BIEN, de Walter Riso, muchas de las cuales van paralelas o coinciden con la PNL.
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La mayoría de las personas mostramos una alta resistencia al cambio. Preferimos lo conocido a lo desconocido, puesto que lo nuevo genera incomodidad y estrés.

La información q llega de la experiencia directa es mucho más terapéutica q la teoría, aunque las dos son necesarias.

El pasado no existe. Es sólo pura construcción mental. Embellecemos o dramatizamos nuestro pasado y luego tomamos decisiones en base a estos datos alterados.

El prejuicio es una enfermedad en cualquiera de sus formas y los errores de interpretación su consecuencia obvia.

Contradicción esencial: mientras que de forma consciente queremos dejar de sufrir y eliminar las creencias irracionales responsables de nuestro malestar, de manera no consciente fortalecemos nuestros esquemas negativos EVITANDO cualquier confrontación que los ponga a tambalear. Lo que subyace de fondo es el miedo.
Evitación crónica: fortalece los esquemas negativos pq impide su confrontación con la realidad. Reducir las meta personales y aspiraciones al mínimo de exigencia (EVITACIÓN) para asegurarse el éxito, aunque no sea auténtico y veraz, nos mantiene adormilados y nos impide despertar a la verdad. ¿tonto feliz o sabio infeliz? ¿tonto feliz o persona despierta q soporta las angustias de la vida de forma realista? La mejor actitud para vencer la evitación es “aceptar lo peor que pueda ocurrir” y alejarse un poco del principio del placer.

Si la mente se autoengaña es muy difícil que nuestro potencial humano se manifieste. Si logramos desmontar los mecanismos de protección psicológicos en los que nos escudamos, podremos vernos a nosotros mismos como realmente somos. (trascender el EGO).

Ver el mundo en blanco y negro nos aleja de la moderación y de la paz interior, porque la vida, se mire por donde se mire, está compuesta de matices. Querer imponer al universo nuestra primitiva mentalidad binaria no deja de ser un acto de arrogancia y estupidez: vivir amargado porque los hechos (vida, realidad…) no concuerdan con nuestro punto de vista. Las palabras NUNCA, SIEMPRE, TODO, NADA, no dejan opciones. Si la mente se acostumbra a fluctuar de un extremo a otro, la ansiedad y la depresión serán inevitables.

El valor en su punto medio, entre el exceso y el defecto. (En una guitarra, la cuerda demasiado tensa se rompe, la cuerda demasiado floja no suena bien).
Pero el JUSTO MEDIO nunca es estático, no está predeterminado.
Lo que define la virtud no es la perfección del rasgo, sino el equilibrio dinámico y sutil entre los extremos del continuo. Ejemplo: la actitud inteligente y virtuosa frente al peligro no es anular el miedo, sino saber cuando se justifica escapar y cuando no, lejos del dogma. Cuando los dilemas nos confrontan la verdad, los extremos se sueltan y los paradigmas comienzan a tambalear.

La CULPA es un valor social:
Si cometes un error y no te sientes muy mal por ello, eres malo o mala.
Si te sientes muy mal por haberte equivocado eres bueno.
La paradoja del autocastigo: sentirse mal (culpable) para sentirse éticamente bien.

La obsesión solo sirve para consumir facultades. El pensamiento reiterativo no es otra cosa que la manifestación de la impaciencia.

Razón y emoción, dos caras de una misma moneda.
En el ser humano existe una profunda exigencia de sentido, un anhelo por lo genuino que nos permita ser verdaderamente libres. El requerimiento de la autorrealización. Ansiamos una transformación interna que nos contacte con nuestra propia esencia.

El sabio no espera nada o muy poco, porque desear/esperar casi siempre está relacionado con la ansiedad. Por lo general, deseamos alcanzar lo que “no estamos disfrutando”, deseamos alcanzar lo que no conocemos y quisiéramos conocer, o lo que no podemos hacer y quisiéramos hacer. Es la trampa de la esperanza que se instala en la carencia. El sabio no espera nada, pero no porque ya lo tenga todo sino porque no teme perder nada.